Egoncetrismo o dar ejemplo - Pablo Gaudio - Coaching
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¿Y si Jesús hubiera sido instagramer?

¿Y si Jesús hubiera sido instagramer?

¿Y SI JESÚS HUBIERA SIDO INSTAGRAMER? ¿Te lo imaginas? Subiendo fotos con hastags como #multiplicandopanes o #deultimacena rodeado de su familia, sus discípulos o haciendo running por el Monte de las Bienaventuranzas. Yo la verdad es que no me lo imagino, y eso que, según la versión que tenemos nosotros, además de sabio era un guaperas. Estoy seguro que tendría millones de followers. Casi casi como las Kardashian. Pero… ¿Sería Jesús egocéntrico?

Sin embargo, muchas veces las personas tienen la enorme necesidad de mostrar sus buenas acciones. Sea por redes sociales o medios de comunicación. ¿Es un acto de egocentrismo o se intenta dar buen ejemplo y motivar a las personas a hacer lo mismo?

¿Egocentrismo o dar ejemplo?

Comencemos definiendo el egocentrismo. Este podría entenderse como un rasgo de personalidad o una tendencia del comportamiento a partir del cual las personas actúan, casi única y exclusivamente, por intereses propios, en detrimento de las necesidades de los demás.

Al anunciar a bombo y platillo los actos de bondad, podríamos decir que más que perseguir el objetivo de hacer del mundo un lugar mejor, como es el deber ser en lo que al altruismo respecta, tienen como fin último recibir el reconocimiento y la aprobación de los demás, lo que sirve como alimento al ego.

Por otro lado, el ser humano es un ser social, por lo que una de sus motivaciones es recibir la palmadita, el reconocimiento y aprobación por parte de los demás. Y se supone que este reconocimiento, le motivará para continuar haciendo buenas acciones.

Pero… ¿Dónde está el límite entre una cosa y la otra?

Mejor ser que hacer.

Hace unos días me contaba un paciente que su hijo y un amigo de este habían madrugado un día en sus vacaciones y con bolsas de basura se habían dedicado a limpiar una playa entera. Luego se habían sacado una foto simplemente para enseñársela a sus padres, se habían bañado en el mar como premio y se habían marchado a casa.

Su madre le pregunto ¿por qué no publicáis esta foto en Facebook para inspirar a los demás? El chico les respondió “¿Para qué? Yo ya lo hice y disfruté haciéndolo.” Punto. Simple y sencillo.

“Los pequeños actos gritan fuerte”

Recordé una historia parecida que no suelo contar, pero que la ocasión lo requiere.

En unos de mis viajes en furgoneta amanecí a orillas de un pantano en algún punto de Soria. Tomé un café y di un paseo por la orilla. Fui consciente de la cantidad de basura, plástico y colillas de cigarro que había. Así que cogí unas bolsas de basura y me puse a hacer limpieza, llenando 4 de ellas y dejándolas en el contenedor antes de irme.

Tampoco hice fotos ni lo comenté con nadie. Estaba contento viendo el resultado de poco más de una hora de trabajo. Pero la vida es maravillosa y unas horas después me mostró como funciona la ley del equilibrio en todo su esplendor.

Estaba atravesando un pueblo cuando pinche una rueda. Llegué como pude a un taller mecánico y allí me atendieron dos personas que me ayudaron rápidamente, me pusieron un parche en la rueda y no aceptaron más remuneración que un café para cada uno. A los 15 minutos pude seguir con mi viaje.

Cuando el mensaje gana ruido, pierde profundidad

Reflexiono sobre las veces que alguien hace una donación y se anuncia con bombos y platillos. Tal persona ha donado tantos millones a la investigación de esto. Y el otro donó 8 millones de esto y 5 de lo otro. Y todos los alabamos y se convierten en tranding topic en todas las redes sociales.

Mi pregunta es… cuando haces algo que sale del corazón… ¿realmente es importante que recibas reconocimiento? No digo que no sea satisfactorio. Digo si es importante.

En mi libro “Café Disruptivo” propongo un ejercicio fácil y sencillo: que des por el placer de dar. Puedes utilizar una plataforma como Teaming para donar 1 euro al mes a la causa que elijas (y puedes hacerlo poniendo una foto falsa y un nombre falso). Puedes dejar comida en la puerta de una asociación de perros abandonados, o hacer una tarta y dejársela en la puerta a un vecino que este pasando un mal momento. O simplemente escuchar a alguien que necesite hablar.

Existe una ley que es la ley del equilibrio y conozco cientos de testimonios de que esta ley siempre funciona.

Ocupate de dar y abre los brazos para recibir lo que la vida quiera devolverte.

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